El lóbulo rasgado, estirado o agrandado es una condición bastante común que afecta a muchas personas, especialmente aquellas que han utilizado pendientes pesados o han tenido una perforación del lóbulo que no se ha curado correctamente. Aunque en general es una afección que no tiene implicaciones graves para la salud, puede resultar estéticamente molesta. Afortunadamente, la corrección del lóbulo rasgado es un procedimiento sencillo y eficaz que puede devolver la apariencia natural y simétrica a los lóbulos de las orejas.
¿Qué es el lóbulo rasgado?
El lóbulo rasgado ocurre cuando el tejido del lóbulo de la oreja se desgasta o se rompe, ya sea por el uso excesivo de pendientes pesados, por un tirón brusco en la zona, pequeños tirones inadvertidos o incluso por una perforación mal hecha. En otras ocasiones, simplemente ocurre debido al paso del tiempo, el lóbulo se vuelve fino produciendo un alargamiento del mismo que hace que los pendientes no se sujeten bien y queden inclinados.
¿Cómo se corrige?
La corrección del lóbulo rasgado es un procedimiento que se realiza con anestesia local. El cirujano plástico procede a reparar el lóbulo rasgado con una técnica precisa, que incluye la eliminación del tejido dañado y la reconstrucción del lóbulo con puntos de sutura que permiten la cicatrización de la zona.
El proceso suele durar entre 15-20 minutos aproximadamente. Las pacientes pueden regresar a sus actividades diarias el mismo día, aunque se recomienda evitar la manipulación de la zona hasta que la cicatrización esté completamente avanzada.
¿Qué esperar después de la cirugía?
El tiempo de recuperación tras la corrección del lóbulo rasgado es rápido. Tras la intervención puede hacer vida totalmente normal, las molestias son mínimas. Es recomendable seguir las instrucciones proporcionadas tras el procedimiento para evitar infecciones y asegurar una cicatrización adecuada.
El resultado tras la corrección es un lóbulo de aspecto normal y una pequeña cicatriz que apenas se nota.
Posteriormente, pasados 3 meses, puede realizarse un nuevo agujero para los pendientes, siempre alejado de la cicatriz.


